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Playas
flanqueadas por una vegetación lujuriosa en la que predominan
los cocoteros, cálidas aguas de color turquesa y un sol más que
generoso a lo que se suma la proverbial hospitalidad del pueblo
brasilero hacen de Maceió un lugar paradisíaco. A todo esto
tengo que sumarle la cordial reunión de bonsaistas del Nordeste
que organizó Bergson Vasconcelos.
Conocí a
Bergson en el año 1999 y desde entonces nos hemos encontrado por
lo menos una vez por año, ocasión en la que además del bonsái el
tema siempre pasaba por nuestras familias. Este año conocí a
Karlinha, su esposa, y a los hijos de ambos Mariana y Leonardo.
Además de su
trabajo cotidiano Bergson se dedica a la apicultura y al bonsái,
muy cerca de Maceio, a unos 35 Km, en Santo Antonio, tiene su
pequeño paraíso, 11 hectáreas en las que podemos encontrar
abejas y bonsáis en el imponente marco de la vegetación
tropical. La familia Vasconcelos no escatimó esfuerzos a la hora
de agasajarnos, desde la convocatoria a bonsaistas de otros
estados, pasando por la comida y la bebida hasta el conjunto de
músicos que nos deleitó con canciones del folklore local.
También hubo tiempo para despuntar el vicio y así después del
almuerzo aparecieron las plantas y ¡manos a la obra!
Mi marido y
yo pasamos un día muy feliz.
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