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El bonsái ocupa un
lugar muy importante en mi vida, razón por la cual siempre busco
contactarme con los bonsáistas del lugar donde pasaré mis
vacaciones. En enero de 2007 mi marido y yo viajamos a
Sudáfrica. Desde Buenos Aires me había contactado vía mail con
Charles Ceronio, a quien conocía por su libro
"Bonsái
Styles of the World".
Visité su casa en Pretoria, donde pude disfrutar de sus
bellísimos bonsáis. Hicimos un intercambio de libros, tomamos el
té y mantuvimos una animada conversación como si fuéramos viejos
amigos.
Después de visitar
el Parque Kruger nuestra siguiente escala fue Durban, una ciudad
balnearia a orillas del Océano Indico allí conocí a Lynne
Theodorou con la que había establecido contacto por intermedio
de la web. Lynn también me recibió como se recibe a un amigo que
hace largo tiempo que no vemos. Me llevó a la casa de Santosh
Balgobind, allí el impacto fue muy grande al ver la cantidad,
calidad y tamaño de los ejemplares que recolectan. Si bien es
cierto que la topografía del país les ofrece un material ideal
para bonsái en sitios muy cercanos a sus lugares de residencia,
extraerlos no resulta una tarea simple.
Creo que el trabajo
de los bonsáistas sudafricanos es un ejemplo a seguir en lo que
se refiere a la utilización de las plantas autóctonas. Muchas de
las variedades que cultivan como bonsái podemos encontrarlas en
nuestro país. |