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Para
los bonsaístas, el arte que desarrollan consiste en algo más que en
el hobbie de trabajar sobre una planta hasta transformarla en la
réplica en miniatura de un árbol. “El bonsai es un camino
espiritual, es un testimonio de la plenitud de la naturaleza, una
obra de arte donde la mano del hombre pasa desapercibida”, explica
Marita Gurruchaga, la mujer cuya vida dio un drástico giro una noche
de treinta años atrás, cuando su marido apareció en su casa con un
bonsai de regalo. Fascinada por el encanto que le provocó ese ombú,
Marita emprendió un largo y placentero camino que la llevó a
convertirse en una de las maestras más importantes de la Argentina y
en la creadora y dueña de Bonsai Studio, un vivero especializado en
bonsais de todos los estilos. En este lugar, una suerte de bosque en
miniatura de especies autóctonas y exóticas, también se brindan
cursos y talleres tanto para principiantes como para bonsaístas
experimentados. Entre estos últimos se destaca el actual jefe de
Gabinete Aníbal Fernández, uno de los tantos aplicados argentinos
cultores de este arte proveniente de la cultura zen e introducido en
el país en la década del 50 de la mano del por entonces célebre
taxidermista japonés Katsusaburo Miyamoto. Desde dos años atrás los
interesados en esta disciplina también tienen una gran fuente de
consulta en Bonsai Puntoar, una revista trimestral dirigida por
Marita y por Sergio Luciani que se distribuye en toda Latinoamérica
y contiene información sobre eventos y artículos relacionados con la
historia y el diseño del bonsai. En uno de sus editoriales se lee:
“Este arte nos permite lograr serenidad espiritual en medio del
ruido y del ritmo vertiginoso que reina en las grandes ciudades”.
Como el ruido y el ritmo de la avenida Independencia que, pese a
estar a metros de distancia, dentro de Bonsai Studio parecen tan
lejanos.
Bonsai Studio queda en Independencia 2968.
Teléfono: 4957-4449 |